kiara lerbous

buscador de belleza

Me sentí solo.

Pensé que era el único en el mundo que tenía hidradenitis supurativa.

Sentí que era un ser extraño, alguien que no iba a ser aceptado por nadie.

Que nadie podría amarme así.

Lloré muchas noches.

Me frustré.

Pensé que tenía una ETS.

Me sentí repugnante. Me sentí feo.

No quería irme.

No quería llevar ropa bonita.

No quería tener pareja.

Ni siquiera quería tener el placer de disfrutar del sexo.

No quería comer porque todo me hacía tener más abscesos.

No quería aceptarme.

No quería amarme.

No levantó los brazos.

No sonreí.

Yo no bailé.

Y un día llegó mami con esos ojitos de ella. Esos ojitos llenos de amor que me dieron esperanza.

Mami siempre ha sido una mujer llena de energía, llena de amor y con ganas de ayudar. Su propósito todos los días es mejorar y ayudarme a ser una mejor persona para mí. Mami sintió el mismo o incluso más dolor que yo. Y un día, no pudo soportarlo más. Como siempre, hizo todos los esfuerzos posibles para empezar a buscar tratamientos, ayuda y espera no ahogarse en un vacío lleno de odio hacia mí, mi cuerpo y mi mente.

Ahora estoy mucho más feliz, ahora entiendo mi condición, ahora tengo opciones, ahora río, bailo y me visto como me da la gana. Comprendí que el coraje, la felicidad y el amor están más allá de lo exterior. Más allá de lo superficial. Y mucho más importante que eso, aprendí a observar más allá de lo que ven mis ojos. Porque estoy seguro de que si no levanto los brazos, o no uso pantalón corto, nadie se entera de mi enfermedad porque no la ven. Eso es lo que distingue a esta enfermedad, que es invisible a los ojos de los demás. Una enfermedad que no se pega, no es por el peso y mucho menos por mi etnia.

Pero es lo que me hace quien soy hoy.

Nada de esto hubiera sido posible por ese impecable trabajo de mami. Te amo mi novia. Gracias. Eres un rayo de luz para todos estos pacientes.

Me sentí sola.

Pensaba que era la única en todo el mundo que tenía Hidradenitis supurativa. Sentía que era un ser extraño, alguien que no iba a ser aceptado por nadie. Que nadie me podría amar así.

Lloré muchas noches.

Me frustré.

Pensaba que tenía una ETS.

Me sentí asquerosa.

Me sentí fea.

No quería salir.

No quería ponerme ropa bonita.

No quería tener pareja.

Ni si quisiera tener el placer de deleitarme de tener relaciones sexuales.

No quería comer porque todo me hacía salir más abscesos.

No quería aceptarme.

No quería amarme.

No levantaba los brazos.

No sonreía.

Sin bailaba.

Y un día llegó mami con esos ojitos de ella. Esos ojitos llenos de amor que me brindaron esperanza.

Mami siempre ha sido una mujer llena de energías, llena de amor y muchas ganas de ayudar. Su propósito todos los días es mejorar y ayudarme a ser mejor persona a mí. Mami sintió el mismo o hasta más dolor que yo. Y un día, no aguantó más. Como siempre, hizo todas las gestiones posibles para empezar a buscar tratamientos, ayudas y esperanzas para no ahogarme en un vacío lleno de odio a mi, mi cuerpo, y mi mente.

Ahora soy mucho más feliz, ahora entiendo mi condición, ahora tengo opciones, ahora río, bailo y me visto como me da la gana. Comprendí que el valor, la felicidad y el amor está más allá de lo exterior. Más allá que lo superficial. Y mucho más importante que eso, aprendí a observar más allá de lo que mis ojos ven. Porque estoy segura que si no levanto los brazos, o no me pongo pantalones cortos, nadie supiera sobre mi enfermedad porque no la ven. Eso es lo que distingue esta enfermedad, que es una invisible a los ojos de los demás. Una enfermedad que no se pega, que no es por el peso y mucho menos por mi etnia.

Pero es lo que me hace ser quien soy hoy.

No hubiera sido nada de esto posible por ese trabajo impecable de mami. Te amo novia mía. Gracias. Eres un rayito de luz para todos estos pacientes.